RABITO

                                                                                                                     RABITO

RABITO es uno de los tres gatitos que tuvimos que comprar a unos niños gitanos para que dejaran de maltratarles, tanto a él como a sus dos hermanos, BUHITA y BIGOTES.

RABITO, BUHITA Y BIGOTES llegaron al refugio y para nuestra sorpresa corrieron junto a DANA, una gata que vive en el refugio de la Protectora desde hace años y que se convirtió desde ese momento en su mamá ideal. DANA les vigila todo el rato, les lame, y les defiende de cualquira de los gatos grandes que se acerquen a curiosear cuando los pequeñines duermen la siesta. Incluso a nosotros nos bufa si osamos interrumpir el sueño de sus hijos adoptados.

RABITO es un gatito dorado y atigrado con una peculiaridad que es precisamente la que le da su nombre: un rabito enroscado y más corto de lo normal que le hace parecer de lo más importante cuando se pasea entre sus compañeros gatunos.

 Aunque de más pequeñito era el más mimoso de los hermanos, al crecer se ha convertido en el más independiente con respecto a los los humanos. Nos mira de lejos y recibe caricias sólo si él quiere. Sin embargo, adora la compañía de otros gatos y jugar con ellos. Viéndole en compañía de su hermano BIGOTES y de KIWI y LIMÓN, sus grandes amigos y de mayor tamaño, parece un gato brutote, porque coge carrera y salta sobre ellos para que le hagan caso y den unas cuantas volteretas por el suelo. Bueno, ya véis la cara de pillo que tiene en la foto!!

RABITO busca una casa en la que vivir pero será mucho más feliz si comparte su vida con su hermano BIGOTES  o con otro gato, porque su mayor refugio serán precisamente las patas de su amigo gatuno. 

 

Rabito llevaba unos meses adelgazando, aparentemente estaba bien, el comía y estaba tranquilo pero sabíamos que algo iba mal. En las últimas semanas a veces vomitaba con sangre y eso nos preocupaba. Lo llevamos al veterinario y ahí nos dijeron que seguramente tenía algun problema de tiroides o un linfoma que poco a poco le estaba consumiendo, el pobre estaba en los huesos. Tuvimos que tomar la difícil decisión de dormirle para que no sufriera más. Al final de su vida se dejó acariciar y haste se ponía panza arriba. Nos quedamos con que al final de su vida ha sabido lo que es una caricia. Ya por fin puede descansar en paz.

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